Cuando la cocina pasó a ser el corazón del hogar, también cambió la forma de elegir sus superficies. El cuarzo irrumpió con fuerza en el mercado desplazando al mármol, que por décadas fue la opción preferida para mesadas de lujo y elegancia.

La razón principal de este cambio es práctica: el cuarzo aguanta mucho mejor el castigo diario. Las manchas de café, el jugo de limón, el calor de ollas recién sacadas del fuego; todas estas situaciones cotidianas afectan menos a una mesada de cuarzo que a una de mármol. Este último, siendo poroso, absorbe líquidos y se mancha con facilidad, requiriendo tratamientos costosos de limpieza profesional.

Desde el punto de vista del mantenimiento, la diferencia es sustancial. El mármol demanda sellado periódico, cuidados especiales y productos de limpieza específicos. El cuarzo, en cambio, se limpia con agua y jabón común.

La oferta en el mercado local explota también por una razón visual. Los fabricantes consiguieron desarrollar cuarzos que replican acabados de piedra natural, con vetas y tonalidades que antes solo ofrecía el mármol. Pero además, presentan colores que el mármol nunca tuvo: desde tonos pastel hasta opciones más atrevidas con efectos metalizado.

El precio jugó a favor del cuarzo. Mientras que hace tres años significaba una inversión comparable al mármol importado, hoy hay opciones más accesibles sin sacrificar calidad ni diseño.

Los profesionales del rubro notan que las familias buscan soluciones equilibradas: quieren que sus cocinas se vean bien, pero sin la angustia de estar cuidando constantemente la superficie. El cuarzo satisface esa demanda perfectamente.

Aunque el mármol no desaparece del mercado, su rol cambió. Ahora es más una opción personal de quien realmente prioriza la estética clásica, aceptando el extra de cuidados que implica.

Imagen: http://www.kaboompics.com / Pexels – Con informacion de La Nación

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