Un análisis de la FAUBA examinó cómo el turismo puede transformarse en un instrumento de regeneración ambiental. La investigación tomó como caso testigo la Reserva Natural Ciudad Evita, donde durante un año llegaron más de 600 turistas que no solo recorrieron el lugar, sino que ejecutaron tareas activas de conservación.

El trabajo realizado fue integral y abarcó diferentes aspectos de la restauración ecológica. Los visitantes plantaron especies nativas para recuperar la cobertura vegetal original de la reserva. Simultáneamente, realizaron la remoción de plantas exóticas invasoras que alteraban el equilibrio del ecosistema. También se dedicaron a limpiar residuos del predio.

Este modelo de turismo con impacto positivo representa una ruptura con la forma convencional en que se entiende la actividad turística. Históricamente, el turismo ha generado presión sobre los ecosistemas mediante concentración de visitantes, consumo de recursos y generación de desechos. El modelo regenerativo invierte esta ecuación.

La Reserva Natural Ciudad Evita demostró que es viable organizar visitas masivas donde cada persona contribuye a mejorar el ambiente. Seiscientos visitantes en doce meses no significaron degradación, sino regeneración. Cada paseo dejó un aporte medible: árboles plantados, malezas invasoras removidas, toneladas de basura recogida.

Los investigadores de la FAUBA documentaron este proceso para generar conocimiento aplicable a otras áreas. El estudio evidencia que el turismo no es incompatible con la conservación ambiental si se organiza bajo principios regenerativos.

Estos hallazgos abren la puerta a repensar cómo se desarrolla la actividad turística en espacios naturales de Argentina. La pregunta central es cómo ampliar este modelo y replicarlo en otras reservas y áreas protegidas, transformando al turismo de una amenaza en una herramienta de restauración.

Imagen: Juan Villarreal / Pexels – Con informacion de TN

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