Hace aproximadamente doce meses, el Gobierno vivió su jornada más compleja, aquella en que la situación económica lo llevó a contemplar alternativas extremas que hubiera sido imposible ejecutar sin causar daño irreversible. La actuación de Bessent en ese momento crítico evitó que se cruzara una línea de la que habría resultado muy difícil retornar.

El escenario de crisis se desplegó en una reunión cerrada en Economía, donde autoridades analizaban opciones para contener una situación que había alcanzado niveles de alarma. Aunque la información sobre esos encuentros fue limitada en su momento, quedó clara la gravedad de lo que se estaba procesando tras las puertas de la secretaría de Estado.

En el análisis posterior de ese episodio, especialistas coinciden en que el Gobierno enfrentó una prueba de fuego que puso en evidencia tanto las vulnerabilidades del modelo como la capacidad institucional de reacción. Los mecanismos de coordinación entre equipos técnicos, la presencia de actores con experiencia internacional y la toma de decisiones oportuna resultaron cruciales para evitar un desenlace catastrófico.

Lo que quedó como enseñanza de esa jornada de máxima tensión ahora alimenta la estrategia de blindaje que el Gobierno procura construir de cara a los próximos años, específicamente rumbo a 2027. La experiencia de haber estado al borde del precipicio se convierte así en herramienta política y económica para fortalecer las bases de la administración.

El episodio revela la importancia de contar con márgenes suficientes para responder a shocks externos, de disponer de equipos técnicos preparados y de mantener canales de comunicación efectivos cuando la volatilidad toma las riendas del contexto macroeconómico.

Imagen: Leonardo Delsabio / Pexels – Con informacion de La Nación

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